
Gracias a mi amigo De Angelis, pude sentir nuevamente la agradable experiencia de beber un buen Rioja. No de La Rioja de acá sino del de España. Hubo otros tiempos en que se conseguían facilmente, dólar mediante, y si uno era despierto para conocer las añadas, disfrutaba de esos vinos llenos de sutilezas a precios razonables.
De estilo clásico, onda Quevedo, estos caldos contienen la variedad tempranillo, ahora conocida en nuestras pampas, generalmente como varietal y que ha dado grandes vinos como el Proyecto Q de Familia Zuccardi. Pero un Rioja es otra cosa, fundamentalmente porque maduran lentos, como los sueños, y están llenos de aromas y sabores terciarios. Ya sabemos que en estos tiempos del euro todo resulta más difícil, pero si tenés la oportunidad de munirte de uno no la dejes pasar.






