jueves, 10 de febrero de 2011

El vino y los enamorados





San Valentín, día de los enamorados, ideal para homenajear al amor. Ideal para recordarle al otro que a pesar de la rutina, de los problemas, de tus estúpideces, la/o seguís amando.
Compañero de festejos, el vino puede ayudarte en el homenaje. Infinitos son los tipos de parejas, infinitos son los vinos y muchas las situaciones, así que a modo de ayuda te muestro algunos y su para qué.
Si vas por los seis años de idilio o menos, elegí uno cuya cosecha concuerde con la del inicio del amor: por ejemplo, un sutil "Luna" de Finca La Anita.
Si los años de pareja son muchos y dignos, compartí un cosecha tardía, como por ejemplo el de Familia Zuccardi y dejá sonar a Glenn Miller en el equipo de música.
Si la historia es reciente, un vino joven, aromático y sin asperezas, como tu relación. Por ejemplo "Las Perdices" Malbec 2009.
Si tu pareja adora lo fashion, no dudes, un "Misterio" de Eduardo Catena.
Por último, si estás peleado y querés reconciliarte, comprá flores, un extra brut de Rossel Boher, arrodillate y decile: "Marianne, ¡te amo!"

lunes, 31 de enero de 2011

Bonarda, lo que se viene

Resulta ser que la Argentina vitivinicola ha logrado hacerse notar en el mundo. Ya hemos superado en exportaciones a Estados Unidos, a nuestros vecinos chilenos, cosa nada fácil en un mercado exigente y abierto al mundo como el americano.
Es así que nuestros competidores han comenzado a incursionar con el malbec y seguramente en poco tiempo comenzarán a irrumpir malbecs australianos, sudafricanos, y etceteras. Pero si ellos son raápidos, nosotros más, y aquí ya empezamos a reinventar la bonarda, cepaje sumamente amigo de nuestras tierras y profusamente plantado. Ya te convencieron con el malbec, ahora dejate enamorar de la bonarda y dejate enamorar de la vida también, que ambos casos serás recompensado.

viernes, 21 de enero de 2011

El vino y las damas.

La relación entre las damas, mujeres o todas o como quieras llamarlas, y el vino ha ido mejorando con el correr de los años. Aunque todavía permanezcan ciertos estereotipos creados por los hombres, tales como "las señoras prefieren los vinos suaves", "más los blancos que los tintos", "más dulces que secos", etc. Evidentemente estos señores no se comunican con señoras desde los años treinta.

Pero la verdad aparece, como siempre, impertérrita. Generalmente es la mujer quien compra y lleva el vino al hogar, la que más concurre a cursos de degustación y mientras el macho cabrío la deje, elige el vino en el restó.

Y cierto es que fueron creados el uno para el otro. La mujer con su entrenado sentido del olfato le saca la ficha aromática sin titubeo, descubre dejos amargos y se molesta con el exceso de alcoholes. Todo esto sin recurrir al parloteo técnico-marketinero del macho de la especie.

Cuando mi amada Mariana baja su dedo pulgar luego de probar un vino, sé con qué me voy a encontrar. Casi casi como en la vida.

Por eso, estimados varones déjense llevar. Que ellas lo compren, bébanlo juntos y después apaguen la tv, tiren el control lejos y vivan.

Beber para olvidar, olvidalo.

Beber para olvidar, beber para ahogar las penas, beber para despedirse, beber de bronca. De todas se ha escrito y mucho. Tangos, poemas, novelas, estudios sociológicos, en fin, todo el abanico literario.

Seguramente alguna vez o más de una, vos también tomaste demás como anestésico para contrarestar algún dolor que la vida nos regala sin opción de devolver y con entrega inmediata. No se qué te pasó a vos, pero en mí no funcionó y por el contrario me generó mañanas de mal humor, resacas que no curaba la aspirina y metidas de pata que no restauraban las disculpas.

Hoy prefiero que el beber esté del lado del festejo, cosa que tiene sus economías y ventajas. Cuando brindamos lo hacemos en compañía así que los tragos no corren sólo por nuestra cuenta, las ocasiones son muchas menos así que nuestro organismo no sufre tanto. Cuando estemos bajoneados podremos acordarnos de algo que nos regale una sonrisa.

Pero mejor que esto, es beber por el disfrute de saborear algo agradable sin tener otro motivo que el placer de despertar los sentidos y sentirse vivo.